1º-
Follar es lo mejor que puedes hacer sin pagar. Supongo que pagando debe de ser
también satisfactorio.
2º-
Follar es una de las pocas cosas que tiene un final feliz. Al menos para un
hombre. Hay quien dice que los finales felices están sobrevalorados. Reivindico
aquí el único final feliz que desde que éramos piojos acuáticos no ha sido
mejorado. Ponme un ejemplo de algo con mejor final. No me compares el final de “Breaking
Bad”, por favor. Estamos hablando de cosas distintas. Claro que hay grados.
Claro que sí. Como en todo. Ahora voy a eso.
3º-
Hablando de eso. ¿Cuántas categorías de polvos tienes? Sí, en tu vida. Polvos
normales, regulares, muy buenos, buenísimos. Y los pata negra. Pero admítelo.
Incluso en su peor versión es un producto que rara vez falla. Dime algo –algo-
que a lo largo de miles de veces te proporcione la calidad media de un polvo.
¿El fideuá? Venga ya.
4ª- Mi lista. Tú tienes la tuya. Pero el que está escribiendo soy yo, así que cállate.
Los malos. Cuando estás borracho y no te empalmas. Son las cinco de la mañana. A las tres, ya estabas cocido, pero en un alarde de parecerte al de Leaving las Vegas, has tenido la magnífica idea explorar tus límites y has pedido una sucesión de wiskis cola en plan el mundo se acaba. Incluso has invitado a la gordita que te miraba incrustada en el batallón de amigas dispuestas en “formación tortuga” desde hacía rato. Sí, no te gusta. Pero eso era antes. Ahora te gusta su lunar al lado de la boca. Y sus tetas claro. Las tetas son imbatibles a esas horas. Da igual. Y tras unas risas, y tras beberte Escocia, acabas quitándole la ropa a un orco que se llama Isabel. Pero eso no es lo peor. Lo peor, como siempre, es la lucidez. Cuando sus tetas adquieren dimensiones de italiana bamboleante en peli de neorrealismo con vespa, cuando la saliva se intercambia en plan cadena de montaje, cuando descubres como respira, cada vez más fuerte.Y de repente, "voilà, el gemido. Es tan excitante imaginar cómo gime una mujer. Nunca lo sabes. Voces de mujeres hay tantas como mujeres. Pero es que la belleza de esto es que no hay un patrón establecido. Voces graves, cazalleras y ahumadas, de mucho tabaco y muchos combinados, dan lugar a gemidos delicados, rítmicos, como balanceos de góndola, perfumados y envolventes. Voces atildadas, de cánticos de Orfeón Donostiarra, dan lugar a bufidos de león marino en celo. Voces desagradables se transforman por arte de birlibirloque en los cánticos infaustos e irresistibles que mi amado Ulises sufríó amarrado a un poste. Es el caos del gemido. Me encanta.
Los malos. Cuando estás borracho y no te empalmas. Son las cinco de la mañana. A las tres, ya estabas cocido, pero en un alarde de parecerte al de Leaving las Vegas, has tenido la magnífica idea explorar tus límites y has pedido una sucesión de wiskis cola en plan el mundo se acaba. Incluso has invitado a la gordita que te miraba incrustada en el batallón de amigas dispuestas en “formación tortuga” desde hacía rato. Sí, no te gusta. Pero eso era antes. Ahora te gusta su lunar al lado de la boca. Y sus tetas claro. Las tetas son imbatibles a esas horas. Da igual. Y tras unas risas, y tras beberte Escocia, acabas quitándole la ropa a un orco que se llama Isabel. Pero eso no es lo peor. Lo peor, como siempre, es la lucidez. Cuando sus tetas adquieren dimensiones de italiana bamboleante en peli de neorrealismo con vespa, cuando la saliva se intercambia en plan cadena de montaje, cuando descubres como respira, cada vez más fuerte.Y de repente, "voilà, el gemido. Es tan excitante imaginar cómo gime una mujer. Nunca lo sabes. Voces de mujeres hay tantas como mujeres. Pero es que la belleza de esto es que no hay un patrón establecido. Voces graves, cazalleras y ahumadas, de mucho tabaco y muchos combinados, dan lugar a gemidos delicados, rítmicos, como balanceos de góndola, perfumados y envolventes. Voces atildadas, de cánticos de Orfeón Donostiarra, dan lugar a bufidos de león marino en celo. Voces desagradables se transforman por arte de birlibirloque en los cánticos infaustos e irresistibles que mi amado Ulises sufríó amarrado a un poste. Es el caos del gemido. Me encanta.
Pues
eso. Que la lucidez. Que estás a lo que estás y te viene un flash de lucidez. Y
el tema no remonta. Y lo peor. Sabes que no lo hará. La combinación etílica y
el background católico es una mezcla complicada. O dejémonos de rollos. Tu
cuerpo se venga de ti en el peor momento. Cabrón. Pero aún así, tienes una
segunda oportunidad. Dentro de unas horas, si hay suerte y ella no te ha
mandado a tomar por culo. Es un polvo frustrado. Pero aún así, la promisión de
éxito no es desdeñable. Dime qué producto te ofrece eso.
5º- Los
polvos administrativos. Sí, esos que hay en el matrimonio, con una pareja con
la que llevas tiempo. Apoyas tu culo en el colchón y te desvistes como el que
te suelta “a por manzanas vengo”. Ya sabías que ibas a follar un minuto antes o
dos. Era el día o ese pellizco que inicia la comunicación entre el Rover
Pathfinder marciano y Houston. Cada uno al lado de la cama. Y te pones a ello.
Pero no desdeñemos los polvos administrativos. Son un producto honesto. El vino
del Mercadona, las zapatillas Kalenji del Decatlon. Te dan el apaño. Mejor que
nada, puto gourmet.
5º- Los
polvos del comienzo con alguien que te gusta. Todo es ansia viva, todo es ropa
tirada en sitios que ni siquiera sabías que tenía tu piso. Bragas por todos
lados. Camas deshechas. Un no parar. No te cansas de cada centímetro de su
cuerpo, quieres follarla a todas horas, comértela entera, te encanta lo que te
hace, lo que te deja hacerle. Te vuelven loco sus tetas, si son pequeñas están
bien puestas, si son grandes porque son grandes. Su cara, su sonrisa, su todo. Las
cifras sugieren rescate inminente del Banco Central Europeo, un cataclismo
macroeconómico de proporciones bíblicas. Os veis y folláis. No podéis evitarlo.
Es el éxtasis helénico, el segundo círculo de Dante. Te mareas lujuriosamente
cada vez que cierras los ojos. Te encanta.
6º- Los
polvos pata negra. Tienen las características de los inmediatamente anteriores y además cuando
no estás follando puedes ir al cine a ver pelis independientes y hablar de
libros. Mis preferidos. El nirvana.

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