Escucho
“Un Buen Día”, de los Planetas, porque me parece que es la canción que
sincroniza con cómo me siento. “Nos hemos metido cuatro millones de rayas”…
¿Cúanto
duele el amor?¿Hay un aparato con wifi que lo mida, en plan escala de uno a
diez, o que utilice barras de colores de azul a rojo intenso, o con atractivos
iconos en forma de lágrima de uno a tres, siendo uno fase de ponzoña otoñal y tres fracaso
rotonda-píllame-camión? ¿Qué cojones hacen en Cupertino que no lo fabrican ya? “Nos
hemos bajado a tomarnos unas cañas. Y me he reído con ellos”
Anoche
vi “La Vida de Adele” y me di cuenta de que el amor duele. Ya lo sabía, de más,
lo experimento, pero cuando lo ves en pantalla grande durante tres horas con
banda sonora, chicas que hablan en francés sobre el tema y encima hay lágrimas
y sexo muy explícito a diez centímetros de
tus ojos, se refresca el conocimiento de que sí, de que la secuencia del asunto
es esa en muchas ocasiones, el resplandor cegador-conocerse-estar bien-dejar de
estar tan bien-no estar bien-estar un poco mal-estar bien y mal-estar peor que
mejor-estar mal-no saber por qué estás-no te ves estando-no estás. Y después
lágrimas. Adele, la prota, llora un montón, la pobre, y a uno le dan ganas de
achucharla, decirle que la entiende, que es para eso y para más, que todo irá
bien, que eso pasa, que patatín que patatán. Palabras que no servirían de nada. Lo sabemos
porque a nosotros cuando hemos estado como ella, -tú también, ¿verdad? ¿O eres
de otro planeta?- no nos han servido de nada. Es esa sensación de pérdida, de que ya nada será igual, el vitriólico agujero que tienes en el estómago. Al igual que el primer día en que
nos lanzan al mundo ya llevamos el gusano microscópico que roe la viga maestra
de nuestra existencia, desde la primera mirada que nos cruzamos con alguien nuevo, en ese segundo nos intercambiamos vía infrarrojos el virus
invisible que nos hará sentir que perdemos pie, que la cosa ya no tiene
solución. Y lo que te queda son los siguientes mil buenos días al estilo de Los
Planetas.
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