miércoles, octubre 23, 2013

99#2



En España los hombres mueren a los 78 y las mujeres a los 84. Eso dicen los números. Por tanto, me quedan 36. O sea, que ya he comenzado el segundo tiempo del partido. ¿Soy más sabio? ¿Soy más maduro? ¿Soy mejor? No, no, no. ¿He aprendido de mis errores? Lo suyo es que sí, pero no estoy seguro por una razón: básicamente me gusta lo mismo que me gustaba hace veinte años. Libros, mujeres, viajes, cine, música. Y si me analizo, creo sinceramente que lo que he perdido es fuerza. Fuerza para meterme de lleno en lo que me hace feliz. No he leído los libros que debo, no he viajado lo que era necesario cuando podía, para tener esa visión serena de las cosas, no he visto todas las pelis que sé que harían irme a dormir con una sonrisa o con una pregunta. Ni siquiera he sido un melómano consistente. La música que he escuchado han sido propuestas en su mayoría de otros, recomendaciones de radio. O sea, que el tiempo ha hecho de mi una versión peor. Putadón.
No todo es malo. No vayamos a cortarnos las venas antes de que Miss Parca nos sonría. Tenemos tiempo para tener no redención completa pero sí algunos instantes  de genialidad, flashes que hacen que nos sigamos reconociendo. Acabo de empezar “Nieve de Primavera” de Mishima y desde las primeras páginas el tío arrinconado de hace veinte años me canibaliza y se apodera de mi. Cómeme, amor. Y así, todo. ¿Pero  lo que queda de vida son ya momentos de lo que fuimos? Cuando estoy triste sí lo pienso. Que el 70%  del tiempo es trabajar en algo que paga facturas, compartir charlas intrascendentes, romper el silencio del comedor cuando marca tu equipo, y ver seis capítulos seguidos de Breaking Bad los fines de semana. O sea, un planazo de cojones.
Cuando estoy feliz, una bruma de esperanza cala en mí. Y pienso que soy capaz de todo. Imparable. Esos son los mejores días y los que querría que duraran para siempre.
¿Y en cuánto a las mujeres? Siempre la solución, siempre el cataclismo.

No hay comentarios: